Cada 17 de abril se conmemora el Día Mundial del Malbec, una fecha dedicada a la variedad de uva que se transformó en el mayor ícono del vino argentino a nivel global. Aunque su origen se encuentra en Francia, fue en la Argentina donde esta cepa encontró las condiciones ideales para desarrollarse y alcanzar reconocimiento internacional.
La elección de la fecha no es casual: el 17 de abril de 1853, Domingo Faustino Sarmiento impulsó un proyecto para modernizar la vitivinicultura nacional, que incluyó la llegada del agrónomo francés Michel Aimé Pouget y la introducción de nuevas variedades de vid, entre ellas el Malbec.
Más de un siglo y medio después, el país concentra cerca del 85% de los viñedos de Malbec del mundo, consolidándolo como la principal variedad exportada y una verdadera "marca país". La efeméride comenzó a celebrarse oficialmente en 2011, impulsada por Wines of Argentina, con el objetivo de posicionar este varietal en el mercado internacional.
Originario del sudoeste francés, donde era conocido como Côt y cultivado en regiones como Cahors, el Malbec perdió protagonismo en Europa tras plagas y heladas, especialmente la de 1956. En contraste, en Argentina encontró su lugar ideal, con Mendoza como epicentro de producción y zonas destacadas como Luján de Cuyo, Maipú y el Valle de Uco.
El Malbec argentino se distingue por su color rojo profundo, aromas a frutas negras, violetas y notas de chocolate o vainilla, con taninos suaves y textura aterciopelada. Su versatilidad lo convierte en el acompañante ideal de carnes, pastas, quesos y platos típicos como el asado o el locro.
Actualmente, el país cuenta con unas 47.000 hectáreas cultivadas con esta cepa, que representa cerca del 60% del vino fraccionado exportado. Cada año, esta fecha invita a celebrar no solo una variedad, sino también una historia que une tradición, territorio e identidad.




